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Año Nuevo en Belarús: costumbres y tradiciones
El Año Nuevo es la primera fiesta en el calendario. La costumbre de celebrar el comienzo del año por primera vez apareció en Mesopotamia hace unos 25 siglos. Actualmente tal tradición existe casi en todos los países del mundo. En distintas épocas en el territorio belaruso cambiaban los ritos, rituales y personajes de la fiesta. Hasta hoy día nos hacemos testigos del nacimiento de tradiciones interesantes de celebrar el Año Nuevo.
 Los antepasados de los belarusos contemporáneos vinculaban el inicio del año con el equinoccio de primavera. Los huéspedes más esperados en cada familia eran volochébniki, grupos de hombres y niños que recorrían todos los patios, honraban y afamaban al dueño y su trabajo en la canción. Asimismo honraban a la dueña como consejera sabia y ayudante de su marido, a la hija mayor, al hijo soltero. Los amos agradecían sinceramente a los volochébniki, les donaban los regalos rituales: huevos, queso, embutido.
El rito antiguo de los volochébniki empezó a desaparecer de la vida de nuestros antepasados a la Edad Media, cuando la Iglesia cristiana intensificó sus posiciones en la lucha contra las tradiciones paganas. El calendario también sufrió cambios, el comienzo del año se celebra en invierno. Aproximadamente desde el siglo X casi en toda Europa se arraiga la tradición de comenzar el nuevo círculo anual con la fiesta de la Navidad.
A lo largo de muchos años en distintas regiones de Belarús el Año Nuevo se festejaba en diferentes días. En el territorio que integraba el Gran Principado de Lituania empezaron a celebrar el Año Nuevo el 1º de enero desde 1364. En la parte oriental de Belarús desde 1493 hasta 1700 la fiesta se celebraba el 1º de septiembre según la tradición bizantina, sólo con el decreto de Pedro I del 20 de diciembre de 1700 la celebración fue traspasada al 1º de enero.
Con el traslado del inicio del año al invierno poco a poco se formó la fiesta invernal del Año Nuevo. Sus principales protagonistas se hicieron koliadóvschiki, la gente que se endomingaba con disfraces de cabras, osos y otros animales, recorría las casas y cantaba.
La parte bastante importante en la celebración del Año Nuevo fue la cena, cada familia cocinaba siguiendo el principio, “como celebras el inicio del año nuevo, así pasas el año entero”. Por eso en la mesa hubo 12 distintos platos, cada uno simbolizaba una de las estaciones del año. Para la fiesta preparaban embutidos, croquetas y otros platos de carne de cerdo o de vaca, mantequilla, queso, obligatoriamente crepes, legumbres en salmuera o conservadas, kisel o compota, pescado, hongos. Un plato obligatorio fue kutiá. Sirviendo la mesa abundante, la gente creía que la misma abundancia será en la familia en el transcurso del año.
Durante la fiesta nuestros antepasados celebraban distintos ritos, rituales y sortilegio, con los cuales esperaban asegurar en el nuevo año la paz y abundancia en la familia, asomarse al porvenir. En ciertas regiones de Belarús por la mañana del nuevo año se organizaba el rito de siembra, lo ejecutaban los niños que con un saco lleno de granos recorrían la aldea, pasaban por las casas, saludaban a los amos e imitaban la siembra, echando al suelo los granos de centeno, avena, cebada. El ritual se realizaba en silencio o se acompañaba con un canto simbólico, en el cual a los dueños se deseaba el bienestar, buena cosecha en el año nuevo. A los niños les agradecían con regalos.
Existía un ritual interesante y se suponía que contribuyera al bienestar y comprensión mutua en la familia. Unos 15 minutos antes de la fiesta toda la familia se sentaba a la mesa para agradecer al año pasado y dejar todos sus problemas, desgracias, enfermedades en el año saliente. El cabeza de la familia tomaba una vajilla de arcilla, la llenaba de agua y ponía en la mesa. Todos los presentes alargaban la mano izquierda y la mantenían un minuto sobre la vajilla. Al mismo tiempo cada uno en sus pensamientos traspasaba al agua las enfermedades, pérdidas, envidia, mala cosecha, todo que no le gustó en el año pasado. Luego el cabeza de la familia tiraba el agua con todas las desgracias a través de la ventana. Al llegar la medianoche la misma vajilla se llenaba de agua, todos los presentes alargaban la mano derecha y pensaban en salud, éxitos, suerte, bienestar familiar. Al cabo de un minuto el plato estaba dando vueltas entre los presentes y cada uno bebía su “porción de deseos”.
Hoy en día muchos creen que si al son de la campanada escribir en el papel su deseo más querido y lograr quemar el papel, el deseo llegará a ser realidad.
La magia del primer día, como de cualquier inicio, provocó la aparición de muchas señas, prohibiciones, reglas de conducta. Antes de las fiestas la gente trata de volver todas las deudas, creyendo que como celebras la fiesta, así pasas el año: no se trabajaba duramente, los comerciantes vendían artículos al primer comprador a precio bajo, lo que garantizaba el comercio exitoso, las jóvenes vestían trajes nuevos. Durante el primer lavado era menester poner en la palangana el dinero de cobre o de oro para ser fuerte y hermoso, de plata – para que el rostro sea limpio y claro.
De la observación por la naturaleza surgían paulatinamente los indicios que permitían pronosticar el año para labradores.
 En la segunda mitad del siglo XIX – principios del siglo XX en Belarús se divulga la tradición europea de poner el árbol de Año Nuevo. El documento más antiguo donde se menciona el árbol de Año Nuevo fue encontrado en la ciudad de Sélestat (provincia de Alsacia, Francia) y data del año 1521. Al principio al árbol atribuían la fuerza mágica, lo adoraban. El adorno del árbol era un rito peculiar de sacrificio. De este modo querían halagar al árbol y su fuerza vital que podría ayudar a la familia. En los tiempos más antiguos el árbol se adornaba con manzanas (símbolo de pecado original) y hostias (símbolo de salvación). Luego aparecieron las flores de papel, guirlandas, nueces doradas, dulces. Los juguetes de vidrio surgieron casualmente. El año de mala cosecha de manzanas y nueces los vidrieros de Lorena las sustituyeron con las de cristal. La innovación tuvo éxito. Poco a poco la razón religiosa de la fiesta empezó a desaparecer. El árbol adornado se convirtió en un símbolo de vida, salud, felicidad. Hay que mencionar que en Belarús en los siglos XIX-XX el árbol adornado se ponía en las casas de personas ricas. Entre los campesinos, artesanos y trabajadores belarusos la tradición se arraigó más tarde.
Con tiempo pasaron cambios de personajes de Año Nuevo. En el siglo XX en Belarús, como en la mayoría de países europeos, el principal personaje de la fiesta de Año Nuevo es Ded Moroz (Papá Noel). Su imagen se crea a lo largo de los siglos y cada pueblo introduce algo nuevo. En algunos países consideran que los antepasados de Papá Noel eran gnomos, en otros – malabaristas ambulantes.
En la mitología belarusa hay un personaje que influyó en la concepción de los belarusos respecto a la apariencia de Ded Moroz. Se trata del ídolo antiguo Ziuzia que personificaba el frío de invierno, se mencionaba en los ritos navideños hasta el siglo XIX. Conforme a los testimonios folklóricos, los belarusos imaginaban que Ziuzia era un abuelo corpulento y canoso, de baja estatura con barba desgreñada, descalzo, sin gorro, con maza de hierro, creían que la mayor parte del invierno la pasa en el bosque, pero de vez en cuando Ziuzia visita aldeas y trae el frío intenso. Al enfadarse Ziuzia golpea el tocón con su maza y como resultado llegan fríos crudos. Durante la fiesta de Koliady le dejaban una porción de kutiá para que no fuera tan atroz.
 Además de los mitológicos, entre los predecesores de Ded Moroz hay una persona real. En el siglo IV en la ciudad de Myra vivía el arzobispo Nicolás. Según la leyenda, era muy bueno, no temía defender a los ofendidos, ayudaba a los necesitados. Después de la muerte se convirtió en uno de los santos cristianos más venerables. En Belarús el Día de San Nicolás se celebra el 19 de diciembre y es una de las grandes fiestas religiosas. Ese día festivo antes de la comida se rezaba a San Nicolás con la petición de abundancia en la casa, buena cosecha, lechigada, paz en la familia. Poco a poco los rasgos de San Nicolás fueron trasmitidos al personaje de Año Nuevo, Ded Moroz.
En el transcurso del siglo XX las tradiciones navideñas seguían cambiando. La mayoría perdió su sentido mágico y se convirtió en un juego, un entretenimiento. Junto con Ded Moroz a los niños les visitaban Snegúrochka (Blancanieves) y otros personajes.
La primera década del siglo XXI trajo muchas cosas nuevas e interesantes para la fiesta de Año Nuevo. Entre los habitantes del país belaruso está formada no sólo la tradición de invitar a Ded Moroz, sino ir de huéspedes a su casa, lo que se hizo posible porque Ded Moroz en Belarús posee su lugar de residencia. Es una finca en la superficie de 15 ha entre los bosques intactos del Parque Nacional “Belovézhskaya Puscha”. Además, las residencias temporales aparecieron en otras regiones de la república.
Asimismo regresó del olvido Ziuzia que se domicilió en la región de Poozerie belaruso. Su residencia se ubica en el poblado Ozertsy (región de Postavy, provincia de Vítebsk). Ziuzia Poozerski tiene fama por su hospitalidad. En las fiestas navideñas acoge a los turistas de todo el país, obsequia con té del samovar encendido con leña, agasaja con crepes y melindres.
 En los últimos años en Belarús es tradicional la organización de la fiesta benéfica del árbol de Año Nuevo para los niños. Las fiestas se organizan en todos los rincones de la república para los niños huérfanos, niños minusválidos, niños de familias poco aseguradas. Para muchos pequeños el evento principal es la fiesta del árbol de Año Nuevo con la participación del Presidente de la República de Belarús.
El Año Nuevo es una de las fiestas populares más preferibles. El inicio del año es un comienzo de nueva vida con lo más bueno y claro.
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